
Tracy es una jovencita de trece años, que atraviesa la siempre problemática "edad del pavo". Vive con su madre y un hermano (el padre se largó "con viento fresco"), y está un poco "hasta el moño" de casi todo. Su gran ilusión en el instituto es entrar en el círculo de amistades de Evie, una chica guay, a la que sus compañeras envidian, mientras los chicos sueñan con que les dedique una de esas miradas suyas que derriten. Y, sorprendentemente, lo consigue. De modo que empieza a compartir su estilo de vida: ropa pija (si se puede robar, mejor, tiene más emoción), alcohol, droga, sexo. El vértigo de la espiral por la que se desliza le deja casi sin aliento, aunque acabará tocando fondo. y es que hay amistades, que de amistad sólo tienen el nombre. Entretanto, la relación hija-madre, alcanzará un importante deterioro.
Dura película sobre cierto estilo de vida adolescente, que impera en nuestra sociedad más de lo que nos gustaría creer. Con realismo a veces difícil de soportar, pero con una agradecible honradez, el film hace un pesimista dibujo de una juventud egoísta, a la que la presión de un ambiente consumista y superficial, empuja al borde del abismo. El film tampoco ahorra críticas a los adultos, concretamente a los padres, que con un estilo de vida irresponsable, muchas veces no son, precisamente, el mejor ejemplo para sus hijos. En el film domina un punto de vista femenino: mujeres son la directora, coautora del guión con una de las protagonistas, y mujeres son los personajes principales, la madre y las dos amigas. Las actrices, Evan Rachel Wood, Holly Hunter y Nikki Reed, hacen un magnífico trabajo, sobre todo la segunda, que fue candidata al Oscar a la mejor actriz de reparto.

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